Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.
Jacob pasa toda una noche luchando con un desconocido y se niega a soltarlo, incluso después de que le disloquen la cadera. Sea lo que sea esta escena extraña, la exigencia en su centro es clara: "no te dejaré, si no me bendices". Y en lugar de una bendición, recibe algo aún mayor — un nombre nuevo.
"Israel" significa, en términos generales, el que ha luchado con Dios y con los hombres, y ha vencido. Es una forma extraña de dar un nombre. No borra la lucha ni la explica. Construye la lucha justo dentro de la nueva identidad — como si luchar honestamente con Dios, en lugar de alejarse de él, fuera precisamente la marca de quien le pertenece.
Si tu relación con Dios hasta ahora ha sido más discusión que acuerdo, más resistencia que rendición, esta historia sugiere que eso no te descalifica. Podría estar más cerca del punto de partida real de lo que crees.
Si has estado luchando con Dios más que confiando en él, ¿y si esa misma lucha fuera donde esto realmente empieza?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.