Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Antes de que se pida cualquier otra cosa, esto viene primero — no una regla, no un ritual, una afirmación sobre la realidad misma. Hay un solo Dios, no un panteón abarrotado compitiendo por atención. Y el mandato que sigue no es obediencia primero, es amor: con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas.
Ese orden importa. La mayoría de los sistemas de creencia o moralidad empiezan por el comportamiento — haz esto, evita aquello. Este empieza en otro lugar completamente distinto: amor, total e indiviso, dirigido a un Dios que es él mismo indiviso. Todo lo demás en la historia debería fluir de ahí, no al revés.
Si has experimentado la religión sobre todo como una lista de lo permitido y lo prohibido, este versículo merece una segunda mirada. No pide obediencia primero. Pregunta si podrías amar algo con todo lo que tienes — y confía en que el resto vendría a partir de ahí.
¿Cómo se sentiría empezar con amor en vez de obligación, solo por un momento honesto?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.