Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.
Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén. Intenta imaginar esa escena literalmente — toda una multitud aceptando en voz alta un estándar que ninguno de ellos podría realmente cumplir a la perfección. Amén significa así sea. Dijeron sí a una vara que nadie alcanza.
Más tarde Pablo retoma exactamente este versículo y lo usa para plantear un punto difícil: si la ley exige obediencia perfecta y nadie puede cumplirla, entonces la ley por sí sola nunca iba a ser el camino para que la gente estuviera bien con Dios. Estaba diagnosticando un problema, no resolviéndolo.
Eso puede sonar sombrío, pero hay algo honesto e incluso aliviador debajo de eso. No tienes que seguir actuando a un estándar tan imposible para que Dios te tome en serio. Este versículo nombra el problema con claridad — y el resto de la historia trata de lo que pasa después, para la gente que no puede decir amén a su propia perfección.
Si la perfección nunca fue realmente el camino de entrada, ¿qué significaría dejar de actuarla y preguntar cuál podría ser el camino real?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.