Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.
Goliat tiene la espada, la lanza, la armadura, la ventaja de tamaño y la provocación. David no tiene nada de eso. Lo que dice en cambio casi reformula todo el enfrentamiento: yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos.
Sería fácil leer esto como la bravuconería de un muchacho, salvo que la historia lo respalda. David no finge que las probabilidades no existen. Está nombrando un conjunto distinto de probabilidades al que todos los demás están contando.
La mayoría tenemos algún Goliat — una situación donde la matemática visible dice que estamos en desventaja. Este versículo no promete que decir el nombre de Dios sea una fórmula mágica que garantice la victoria. Pero sí sugiere que el tamaño de la amenaza frente a ti no es el único hecho en la sala, y puede que ni siquiera sea el más importante.
¿Cuál es el Goliat en tu vida ahora mismo, y cómo se vería nombrar un conjunto distinto de probabilidades?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.