Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.
Un hombre mayor, cerca del final de su vida, le dice a su hijo lo único que realmente quiere que sepa. No cómo gobernar, no cómo ganar guerras, no cómo conservar el trono. Conoce a Dios. Sírvele con todo el corazón. Esa es toda la instrucción.
Lo que llama la atención, quizás, es el razonamiento detrás: Dios escudriña todos los corazones y entiende cada motivo. No solo las acciones — las razones detrás de ellas. Es un tipo de honestidad incómoda de imaginar, alguien que ve más allá de la historia que te cuentas a ti mismo sobre por qué haces lo que haces.
Pero fíjate en la puerta que queda abierta justo después: si lo buscas, él se dejará encontrar por ti. No se esconde, no te hace ganártelo con algún proceso elaborado. Encontrado. Es una promesa extraña de hacer sobre un ser que supuestamente ya lo sabe todo de ti — que la búsqueda misma es lo que él responde, no un currículum terminado de fe.
¿Qué significaría buscar de verdad, en lugar de esperar hasta sentirte calificado para hacerlo?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.