Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.
Nehemías está a punto de pedirle algo enorme a un rey — permiso, recursos, paso seguro para reconstruir una ciudad devastada — y antes de que esa conversación suceda, ora. No un discurso largo y formal. Solo un pedido silencioso de que Dios estuviera atento, y de que él encontrara gracia delante del hombre al que tanto temía acercarse.
Luego el versículo termina con un detalle extrañamente práctico: yo servía de copero al rey. Es fácil pasar por alto cuánto peso lleva esa frase. No era un general ni un noble con acceso automático. Era personal — alguien cuyo trabajo era probar vino, no interceder por el futuro de una nación. La oración sucede exactamente donde uno esperaría que alguien en esa posición se sintiera pequeño e incapaz.
Quizás estés frente a tu propia versión de una petición intimidante — una conversación, una solicitud, un momento en que te sientes como el copero entrando a hablar con el rey. Este versículo no se salta ese miedo. Solo muestra cómo se veía orar con honestidad justo en medio de él, justo antes de cruzar la puerta de todos modos.
Si tienes por delante una conversación difícil que te hace sentir pequeño e incapaz, la oración silenciosa de Nehemías antes de eso vale la pena tomarla prestada.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.