Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, Así el hombre nace para la aflicción.
Esta línea viene de Elifaz, uno de los amigos que llega a consolar a Job y termina diciendo algo más clínico que consolador: el sufrimiento no es un fallo de la vida, viene incorporado en ella, tan inevitable como las chispas que se elevan de un fuego. La observación no está equivocada. Está a punto de equivocarse en lo que hace con ella.
Hay algo casi reconfortante en esta línea, si la tomas por sí sola. Silenciosamente te da permiso para dejar de sorprenderte cada vez que aparece la dificultad, como si el sufrimiento fuera un fallo y no una característica de estar vivo. Las chispas no se elevan porque algo esté roto en el fuego. Se elevan porque eso es lo que hacen las chispas.
El resto del libro rechaza con fuerza las conclusiones de Elifaz sobre por qué sufre Job. Pero esta observación en particular — que el sufrimiento simplemente forma parte de la vida humana, y no es un castigo personal para los desafortunados — vale la pena separarla de su mala teología. Puede que sea una de las frases más honestas de todo el libro.
¿Qué cambia si dejas de tratar la dificultad como prueba de que algo está mal exclusivamente contigo o con tu vida?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.