El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.
Eliú dice esto casi de pasada, como una especie de credencial antes de lanzar su argumento contra Job — pero vale la pena detenerse en la afirmación misma en vez de pasar de largo. No está describiendo una fuerza cósmica vaga. Está diciendo que su propia existencia, su propio aliento en los pulmones ahora mismo, se remonta a haber sido hecho, deliberadamente, por algo intencional en vez de accidental.
Ese es un punto de partida muy distinto al que la mayoría asumimos por defecto sin pensarlo mucho — que somos esencialmente producto del azar, la biología haciendo lo suyo, nada más. La afirmación de Eliú no borra la biología; solo añade algo debajo de ella. Hecho, no solo formado. Vida dada, no solo ocurrida.
No necesitas aceptar esta afirmación para notar lo que realmente está en juego en ella. Si es verdad, tu existencia no es un accidente que lograste sobrevivir — es algo más parecido a una decisión que alguien tomó. Eso vale la pena tomarlo en serio, sea cual sea la conclusión a la que llegues.
¿Qué cambiaría en cómo te ves si tu vida hubiera sido hecha a propósito, en vez de simplemente ocurrir por casualidad?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.