Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
Este versículo se usa mal muy seguido — como si fuera una máquina expendedora, como si deleitarse en Dios fuera el código que marcas para conseguir lo que ya querías de todos modos. Léelo con más calma y dice algo distinto: que los propios deseos empiezan a cambiar cuando cambia tu centro de gravedad.
"Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón" no es una transacción. Se parece más a lo que le pasa a alguien que se enamora de un lugar — sus deseos empiezan a reorganizarse alrededor de lo que ese lugar realmente ofrece, no de lo que quería al llegar.
Quizás tus deseos ahora mismo son un enredo de cosas que persigues sin mucha claridad sobre el porqué. Este versículo no te pide que reprimas esos deseos. Sugiere algo más interesante: que tal vez se destrabarían acercándote a algo más grande que ellos, en lugar de esforzarte más por satisfacerlos uno por uno.
¿Cómo se verían tus deseos si no fueran lo que persigues con más fuerza?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.