Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas,
"Tierra seca y árida donde no hay aguas" es una descripción precisa, no una exageración poética. Cualquiera que haya sentido un agotamiento genuino, espiritual o de otro tipo, conoce ese paisaje — todo agrietado, nada creciendo, y ningún alivio a la vista. Este versículo no ocurre en la comodidad. Ocurre ahí.
Lo llamativo es lo que produce la sequedad: no exactamente desesperación, sino sed dirigida hacia algo específico. "Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela." El vacío mismo se convierte en razón para buscar, en lugar de razón para rendirse.
Si estás en un tramo seco ahora mismo — cansado de una manera que dormir no arregla, buscando algo que no logras nombrar — este versículo no te pide que finjas que el suelo no está agrietado. Solo sugiere que la sed que sientes podría estar dirigida hacia algo que realmente puede saciarla.
¿Y si la sequedad que sientes ahora fuera sed, no solo cansancio — y la sed realmente pudiera saciarse?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.