Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.
"Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor." Arrodillarse no es una postura natural para la mayoría hoy en día — puede sentirse reservada para la derrota, o para un mundo que ya no existe. Así que vale la pena preguntarse qué describe en realidad este versículo.
No es arrodillarse ante un rival o un gobernante que exige sumisión. Es arrodillarse ante un hacedor — aquel a quien se le atribuye el mérito de haberte hecho, en primer lugar. Eso es un gesto muy distinto. Tiene menos que ver con ser conquistado y más con reconocer por fin de dónde en realidad vienes, en vez de fingir que te construiste de la nada.
No tienes que estar listo para arrodillarte para notar que la invitación está ahí — "venid", un llamado abierto, no una exigencia hecha desde lejos. Es válido seguir de pie por ahora. Pero también es válido preguntarte qué es exactamente lo que resistes, y por qué.
Si arrodillarte te parece una derrota, ¿qué cambiaría si lo vieras simplemente como reconocer de dónde vienes?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.