Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.
"Reconoced que Jehová es Dios; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos." Esa primera palabra — reconoced — supone que esto es algo que en verdad puedes descubrir, no solo elegir creer por impulso. Se presenta como un hecho por reconocer, no un sentimiento por fabricar.
Lo que sigue es casi tierno en cómo está dicho: nos hizo, y somos suyos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Ovejas no es un término halagador, y probablemente ese es el punto — no autosuficientes, no las que mandan, sino cuidadas por alguien cuyo trabajo de verdad es velar por ellas.
Si la independencia siempre te pareció la apuesta más segura — mejor no pertenecer a nadie que arriesgarte a pertenecer a lo equivocado — este versículo ofrece una imagen distinta de pertenencia. No una pérdida de ti mismo, sino ser cuidado por alguien que te hizo, en primer lugar.
Si no pertenecer a nadie siempre te pareció más seguro que pertenecer a algo, ¿qué haría falta para en verdad poner a prueba esa suposición?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.