Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
"Jehová dijo a mi Señor: 'Siéntate a mi diestra.'" Es una línea extraña al leerla de cerca — un Señor hablándole a otro Señor, David escribiendo sobre alguien a quien llama su propio amo, mientras también lo llama su descendiente. Hasta los primeros lectores de este salmo notaron el enigma.
Ese enigma es exactamente el motivo por el que este versículo se cita tanto en la historia de Jesús. Se lee como una señal hacia alguien que es plenamente humano y, de algún modo, más que eso — un rey mayor que el rey que escribió sobre él. "Siéntate a mi diestra" es una posición de honor y autoridad, no de exilio ni derrota, ofrecida incluso antes de que termine de ganarse la victoria final.
No necesitas resolver hoy cada detalle de ese enigma. Pero vale la pena notar que ese antiguo misterio sobre quién podría ser en realidad esta figura sigue señalándose, miles de años después, como algo que merece tu atención.
Si un enigma antiguo sobre quién es en realidad este rey ha intrigado a lectores durante miles de años, ¿no vale la pena que tú mismo lo investigues?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.