Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Este es uno de los pocos lugares en la Biblia que se detiene a definir un término en lugar de simplemente usarlo. La fe, dice el texto, es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. No es un sentimiento. No es un deseo ciego. Es algo más cercano a la confianza sobre una realidad que no puedes verificar ahora con tus ojos.
Esa definición vale la pena tomarla en serio justamente porque no pide que la fe finja ser algo que no es. No afirma que la fe sea prueba en el sentido científico. Nombra abiertamente la brecha — lo que no se ve — y luego describe una forma de pararse en esa brecha que no es parálisis ni pura suposición.
Si has descartado la fe como un simple deseo ingenuo disfrazado de un lenguaje más bonito, esta definición es un buen lugar para poner a prueba esa suposición. Todo el mundo opera con algún tipo de convicción sobre cosas que no ha visto personalmente — el pasado, la vida interior de otras personas, el mañana. La pregunta que plantea este versículo no es si tienes fe en algo. Es hacia dónde apunta en realidad esa fe.
Si suponías que la fe significa apagar tu criterio, esta definición vale la pena leerla antes de decidir eso.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.