No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.
Mucho antes de que Jesús la citara, esta frase ya estaba dentro de un denso código legal sobre cultivos, propiedad y disputas entre vecinos — un lugar extraño para encontrar lo que llegaría a llamarse uno de los dos mandamientos más grandes de toda la Biblia. Es fácil perderla ahí, enterrada entre reglas agrícolas.
Pero fíjate en lo que la rodea: no os vengaréis, no guardaréis rencor. El mandamiento de amar a tu prójimo no flota en lo abstracto. Se trata específicamente de qué hacer con las personas que de verdad te han hecho mal — aquellas contra las que tendrías todo el instinto de resentirte. El amor aquí no es un sentimiento cálido hacia extraños. Es el trabajo más difícil de soltar un rencor contra alguien real, alguien cercano, alguien que te lastimó.
Es un mandamiento mucho más exigente de lo que parece a primera vista. Vale la pena preguntarte con honestidad contra quién estás guardando algo ahora mismo, y si "como a ti mismo" — la misma gracia que querrías extendida a tus propios fallos — quizás también esté dirigida a esa persona.
¿Contra quién estás guardando rencor ahora mismo, y qué haría falta para extenderle la misma gracia que querrías para ti?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.