Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas.
Un censo, nada menos, es donde comienza este próximo libro de la Biblia — cada hombre contado, nombrado, organizado por tribu y familia. Suena como la apertura menos espiritual posible: un conteo, una hoja de cálculo antes de que existieran las hojas de cálculo.
Pero fíjate en lo que ese conteo realmente insiste: cada nombre importa lo suficiente como para registrarlo. No un total vago, no "unos dos millones de personas", sino familias enumeradas, individuos contabilizados uno por uno. En una multitud lo bastante grande como para perderse por completo, este proceso se niega a dejar que alguien se convierta en solo un número en la masa.
Es fácil sentirse como una persona anónima en un mundo de miles de millones, invisible en la escala de las cosas. Esta escena de apertura empuja contra eso en silencio, casi administrativamente: sea como sea este Dios, el patrón establecido aquí es atención específica a personas específicas, no una masa de humanidad tratada como una multitud indiferenciada. Si ese patrón también vale para ti es algo que vale la pena descubrir.
Si alguna vez te sentiste solo un número en una multitud demasiado grande para importar, ¿qué significaría descubrir si en verdad eres contado por tu nombre?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.