y echaréis a los moradores de la tierra, y habitaréis en ella; porque yo os la he dado para que sea vuestra propiedad.
Y echaréis a los moradores de la tierra, y habitaréis en ella; porque yo os la he dado para que sea vuestra propiedad. Después de décadas errando, esta es casi una frase chocante — habitad. Dejen de moverse. Aquello hacia lo que has estado caminando todo este tiempo ya no es una esperanza futura, ya fue dado, en presente.
Hay una diferencia entre una promesa y una posesión. Una promesa puede mantenerte en marcha durante la dificultad, pero en algún momento tiene que aterrizar en algún lugar, o la espera empieza a sentirse como toda la historia. Este versículo marca ese cambio — ya no más espera, sino llegada.
Quizás hayas pasado mucho tiempo esperando algo sin permitirte realmente recibirlo, todavía preparándote para otro contratiempo. Este versículo es directo sobre el orden de las cosas: la entrega ya ocurrió. Lo que queda es simplemente instalarte en lo que ya es tuyo.
¿Qué cambiaría si realmente te permitieras instalarte en algo, en lugar de prepararte para que te lo quiten?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.