El atalaya volvió a decir: También éste llegó a ellos y no vuelve; y el marchar del que viene es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.
Un vigía en una torre reconoce un carro que se acerca solo por cómo lo conducen — desenfrenado, furioso, inconfundible. Es Jehú, y todos ya lo saben, porque Jehú conduce como Jehú. Todo su carácter aparece antes de que él llegue.
Es un detalle curiosamente práctico para conservar en la Escritura: un hombre tan constante en su manera de moverse por el mundo que un vigía puede identificarlo a distancia, solo por el patrón.
Eso plantea una pregunta justa también para nosotros — ¿hay una constancia en cómo vivimos que sería reconocible a distancia? No perfección, solo patrón. El manejo furioso de Jehú llevó a una purga violenta y moralmente complicada de una dinastía corrupta — no es una historia que reparta héroes fáciles. Pero sí nota algo verdadero: el carácter tiene una firma, y al final aparece.
Si alguien pudiera reconocerte a distancia solo por tu patrón de vida, ¿qué estaría viendo?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.