En el día que temo, Yo en ti confío.
Nota lo que este versículo no promete: no dice "cuando tengo miedo, el miedo desaparece". Dice "en el día que temo, yo en ti confío". El miedo sigue ahí. Se nombra con claridad, sin disfrazarlo. Lo que cambia es hacia dónde se dirige.
Es una oferta más honesta que la mayoría de los ánimos que recibe la gente. Nadie puede prometerte que dejarás de tener miedo — la vida da bastantes razones legítimas para ello. Lo que este versículo ofrece, en cambio, es un lugar donde poner el miedo, en vez de cargarlo tú solo, solo en tu cabeza.
Si estás en una temporada de miedo ahora mismo, este versículo no te pide que te convenzas de lo contrario. Solo hace una pregunta más pequeña y más honesta: ¿hay algún lugar real donde podrías depositar ese miedo, aunque sea un momento, en lugar de sostenerlo tú solo?
¿Dónde sueles poner tu miedo, y hay un lugar mejor donde dejarlo?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.