¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?
La pregunta es directa a propósito: ¿puede un leopardo cambiar sus manchas? Todos ya conocen la respuesta. Eso es lo que le da fuerza — el autor no te está pidiendo que descubras algo, te está pidiendo que admitas algo que ya sabes sobre patrones profundamente arraigados, incluidos los tuyos.
Quizás sea un mal genio, un hábito, una forma de alejar a la gente cuando las cosas se ponen difíciles. Ya intentaste forzarte a ser diferente y no funcionó del todo. Eso no es un fracaso moral exclusivo tuyo — es lo que este versículo llama realidad humana común.
Lo notable es lo que el versículo no dice. No dice que el cambio sea imposible para siempre, para cualquiera — dice que es imposible lograrlo solo con fuerza de voluntad, acostumbrado como estás a tus patrones. Ese es un problema distinto, y quizás necesite un tipo de ayuda diferente al de simplemente esforzarte más.
¿Cuál es el patrón en ti que la fuerza de voluntad sola no ha logrado cambiar?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.