Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
Pablo había pedido, repetidamente, que algo le fuera quitado — una dificultad persistente que llama "aguijón en la carne", nunca del todo explicada, lo cual explica en parte por qué tantas personas a lo largo de los siglos han encontrado fácil proyectar la suya propia en ella. No buscaba un lado bueno. Quería que desapareciera.
Lo que recibió, en cambio, no fue la eliminación. Fue una razón para seguir cargándolo: una gracia que basta, un poder que aparece justo en la debilidad, y no a pesar de ella. Es un tipo extraño de respuesta a una oración, y si alguna vez oraste para que algo te fuera quitado y en cambio solo tuviste que seguir viviendo con ello, este pasaje no finge que eso sea un resultado menor — lo replantea por completo.
El gloriarse en las debilidades que sigue no es falsa humildad ni sacar lo mejor de una mala situación. Es Pablo de verdad ubicando dónde experimenta el poder de Dios con más claridad — no en su fuerza, sino en los huecos que su fuerza no cubre. Si has pasado la vida tratando de esconder tus puntos débiles, este pasaje sostiene que tal vez sean justo ahí donde hay espacio para que algo más aparezca.
¿Hay una debilidad que has pasado años escondiendo y que en cambio podrías imaginar como un lugar donde algo más pueda aparecer?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.