Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros.
Toda esta carta es bastante intensa — advertencias sobre el fin de los tiempos, palabras duras sobre la ociosidad, hablas de juicio. Y luego termina en esto: un deseo sencillo de paz, en todas partes, todo el tiempo, de parte del mismo Señor. Casi suena como un suspiro de alivio después de contener la respiración.
Ese contraste vale la pena notarlo. Sea lo que sea que el autor de este versículo creyera sobre el juicio venidero, no terminó en amenaza. Terminó en bendición — paz "siempre y en toda manera", que es prácticamente incondicional. Eso sugiere que, detrás de las partes más duras de la carta, hay una postura que es fundamentalmente a favor del lector, no en contra.
Si te has topado sobre todo con discursos religiosos que se apoyan en el miedo o la urgencia, esta línea es un buen caso de prueba. Paz, ofrecida sin condiciones, dirigida a "todos vosotros" — sin excepciones. No necesitas tener resuelto todo lo demás de esta carta para notar que la última palabra que te deja es una bendición, no una advertencia.
Si el lenguaje religioso te ha sonado sobre todo a advertencia, tal vez valga la pena notar que esta carta elige terminar en paz.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.