Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Este versículo se cita tan seguido en los momentos equivocados — pegado sobre tragedias como si significara que todo pasa por una razón bien ordenada — que vale la pena leer exactamente lo que dice, en vez de lo que la gente quisiera que dijera. No dice que todas las cosas sean buenas. Dice que todas las cosas ayudan a bien, para un grupo específico: los que aman a Dios, los llamados conforme a su propósito.
Esa es una afirmación muy distinta. No es que el sufrimiento esté secretamente bien. Es que nada — ni lo bueno, ni lo que se derrumba — termina desperdiciado ni fuera del alcance de lo que Dios está haciendo con una vida entregada a él. El versículo no te pide que te sientas bien con las cosas difíciles. Pregunta si crees que esas cosas se están tejiendo en algo, y no simplemente sucediéndote al azar.
Si eres de los que ha visto algo doloroso suceder y ha asumido en silencio que eso significaba estar abandonado u olvidado, este versículo sostiene que lo contrario también es posible — que ser amado por Dios no significa un camino fácil, pero sí significa un camino que no se desperdicia.
¿Puedes mirar atrás, a algo doloroso en tu vida, e imaginarlo tejido en algo, en lugar de desperdiciado?
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.